-Comprendo que te sería fácil aceptarlo-se dirigió hacia mí-. Más fácil que esto...que nosotros.-se acercó más. Sus piernas rozaron el colchón. Su mano bajó hasta tocar mi rostro y sus dedos resbalaron suavemente por mi mejilla. Contuve las ganas de reclinarme en su mano y rendirme a la fuerza que él tenía sobre mí-. Pero nunca lo amarás como me amas a mí. Para bien o para mal, esa es la verdad. Y siempre será así.
Pero no puede ser. No puedo permitirlo.
Con la respiración agitada, aparté mi rostro de su mano y observé el reloj digital de la mesita de luz.
-No voy a dormir otra vez. ¿Por qué no nos vamos ya?
Se rio. El sonido amargo y profundo erizó mi piel.
-Muy bien. Vuelve a tu casa. Huye, pero es no cambiará nada. No vas a poder olvidarme.
Tenía razón. Pero al menos debía intentarlo.

















