marzo 18, 2011

Este año llegué a la escuela con una sonrisa gigante, contenta de que iba a ver de nuevo a mis amigas, de que tenía un nuevo año por delante para hacer todo lo que no hice en el 2010, para cumplir mis sueños, para intentar ser mejor persona y para hacer todas esas cosas que me quedaron pendientes. Estaba así, feliz, con ganas de todo y cuando dieron las listas me fijé y había quedado solamente con una amiga y cuatro compañeras de mi curso anterior, nada más. Y ahí me armé yo sola un drama: que la escuela iba a ser una tortura, que todos los planes ya no me servían para nada, que me iba a sentir sola y que las cosas no iban a ser nunca como antes. Y no son como antes. Extraño ese grado que tenía, donde todas estaban siempre para escuchar, juntarnos en el club de la Agus a practicar correografías, a tomar mate, al shopping, a la costanera, tenía miedo porque me había aferrado mucho a ese primero C tranquilo en donde me sentía como si estuviera en una gran familia. No creo que haya habido muchos cursos así, era algo que no puedo explicar, nadie se sentía mal, podías ser la "sabelotodo" y nadie te decía nada, no había que aguantarse cargadas, ni bromas ni nada que hiciera mal, pero, ¿quién me dice que mi curso de este año no puede ser así? Es cuestión de dar oportunidades, a ellas y una muy grande a mí, para vencer todos mis miedos. Yo sé que al principio va a ser difícil, pero ahora me estoy dando cuenta de quiénes son mis verdaderas amigas, de quiénes no faltan nunca, las que me buscan en los recreos, las que siempre tienen un abrazo para darme. Y estoy contenta de tener esas amigas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario