No sé qué más hacer. De verdad. Siento que estoy encerrada en un laberinto y de la salida ni hay rastros. O hay una salida pero no la quiero tener en cuenta. Decir la verdad, es difícil, ¿no? Cuando uno se da cuenta de que es la única forma de recomponerse no hay vuelta atrás, no hay más opciones, es la verdad o la verdad, y yo no sé cómo decirla sin salir lastimada. Creo que por él aprendí muchas cosas, algunas que me golpearon, y otras que me ayudaron a entender más las cosas. Pero si hay algo que no aprendí es cómo olvidarlo, cómo sacar de mi cabeza estos tres años que me hicieron crecer a la fuerza. Llegué al punto de comerme el orgullo ayer y llorar adelante de él sin importarme lo que digan los demás. Para él puede ser un juego, porque no entiende lo que me pasa cuando me mira, o cuando pasa y me toca a propósito, me hace mal, me hace doler el corazón porque sé que estos jueguitos no nos llevan a ningún lado y tarde o temprano alguno de los dos va a tener que sincerarse y decir lo que pasa de verdad. No quiero ser yo, estoy segura de que voy a ser la que va a terminar sufriendo, porque soy así, cuando me importa algo me importa y no hay manera de sacármelo de la cabeza. Y si me quiere como dicen se va a dar cuenta de que no puedo más.

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